Noticias

LA CRECIENTE EN ITATI

100_2543

La tierra del río –arcillosa, menos porosa que la común– se mezcla con aserrín, cáscara de arroz o bosta y termina en un pozo para que el malacate los funda. Todo se convierte así en un barro oscuro, compacto. De ahí saldrán ladrillos. El mallón es una red que se tiende río adentro para encerrar a los peces, un oficio que requiere paciencia y silencio para no espantar al cardumen. De ahí saldrán surubíes, pacúes o patíes. Pero en Itatí y Seminario, barrios de la capital correntina, el avance del Paraná lo paralizó todo. El agua se tragó los obrajes y la correntada no trae a los peces. Para muchos, la situación es desesperante. “Con la crecida perdimos todo: la producción de ladrillos y la pesca”, dicen.

Por aquí el Paraná tocó los 7,03 metros cuando su altura promedio es de 3,80: en apenas tres días, arrasó con 70 metros de costa. Son 16 los barrios afectados y ya hay 14 familias evacuadas. A la mitad las ubicaron en unas casas de madera construidas por la municipalidad como parte del plan de emergencia. En la que le tocó a Daniel López se escucha chamamé. El no pudo salvar ni el colchón, ni la ropa de sus dos hijos. Pero sí rescató una imagen –enorme y pesada– del Gauchito Gil y otra de la Virgen de Itatí que ocupan el único mueble de esta vivienda de paso: la mesa. “Eran más importantes que todo lo demás”, dice Daniel. Su casa quedó sobre la orilla del Paraná, con unos diez centímetros de agua.

“Estaba quemando los ladrillos. Eran 10 mil los que habíamos terminado, todo el día, todo el día con los ladrillos.

Y de repente vino el río y se llevó todo. Salvamos la mitad. El resto se perdió. No sé qué vamos a hacer”, se lamenta Angel López, vecino de Itatí y ladrillero, como la mayoría en esta barriada precaria, al norte de la ciudad. Cuenta que por día llega a moldear 3 mil piezas de adobe, que necesitan secarse al sol durante un día y luego cocerse 24 horas en un horno. El cobra un peso por cada ladrillo. Para hacerlos, no hay descanso y participa toda la familia: ellos hacen fuerza, los niños cortan el adobe y forman los rectángulos, las mujeres se ocupan de la quema.

Rubén es mallonero, como fue su papá, como fue su abuelo. El malloneo es una forma milenaria y artesanal de pescar que consiste en subir a un bote, tirar una red y esperar. Rubén no sabe leer ni escribir. Dice que no aprendió porque salía a pescar cuando chico. “A mi me tocaba de noche, señora. A mi padre de día. Por eso yo no fui a la escuela”. Pero de peces Rubén sabe todo. Incluso que con la crecida no se pesca nada: “La corriente no los trae. Ocupamos el tiempo desenredando el mallón”, dice.

“Nosotros dependemos del río. De ahí trabajamos, de ahí comemos. Si el río crece, nos perjudica”, explica Sandra Miño, delegada del barrio y encargada de distribuir la mercadería: yerba, fideos, picadillo. Sigue Sandra: “El agua se tragó 50 obrajes (el espacio que necesitan los ladrilleros para fabricar) y eso significá que 50 familias están paradas. En un barrio humilde como éste, no poder trabajar es desesperante”. Ayer por la tarde, un grupo de vecinos fue a reclamar a la Casa de Gobierno de Corrientes. Después de bloquear el ingreso al puente General Belgrano que une esta provincia con la de Chaco, lograron un subsidio de $ 800 por única vez y que armen en el barrio un comedor comunitario. (Fuente:Clarín)

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *